Probablemente doping como tal, no, y tampoco las reglas del parchis son válidas para el running, pero es posible que sí que estemos haciendo algo mal. No nos quedemos con el número tres, ni con dos o cuatro, pero qué tal si nos paramos a pensar un poquito sobre esto.

El running como afición, sea al nivel que sea, acaba por provocar dolencias. Tanto más cuanto mayor sea el nivel de exigencia.

A nivel popular, se ha convertido también en competición, más contra uno mismo quizás, que contra otros. Sabemos que no vamos a ganar carreras en las que participen auténticos atletas profesionales o semiprofesionales, pero no desistimos en el empeño de rebañar segundos al crono en cada una. Y en los entrenos parece que consigamos algún regalo por sumar kilómetros en vez de disfrutar del deporte de correr, correr con calidad mejor que cantidad.

Cuántas veces en la línea de salida de una carrera nos oímos a nosotros mismos diciendo, casi como justificándonos ante otro runner, “no sé como saldrá hoy, vengo tocado…”. El olor característico a spray analgésico (olor a Reflex®, por qué no decirlo así) es inconfundible en el bullicio propio de un cajón de salida pero, los fármacos tomados vía oral, intramuscular, inhalatoria…ni se huelen, pero están.

La vorágine de carreras populares, carreras benéficas, medias, maratones, duatlones, biatlones, triatlones…(y muchos otros ones) nos hace vivir en una sensación de carrera de ultra fondo continua que no se acaba, en la que debo estar cada vez más fuerte para algo que está por venir pero nunca es la meta definitiva. Para ello entrenamos, en ocasiones sin control experto, con molestias y dolores, que sin ser lo suficientemente fuertes como para pararnos, si nos hacen recurrir a medicación para paliarlos y continuar corriendo.

Tema a parte sería cuestionarnos que sí el cuerpo te está avisando, quizás es el momento de parar, sanar y luego continuar, antes de llegar a provocarnos lesiones más graves, algo que ocurre con no desdeñable frecuencia, y entonces lo vemos claro y nos lamentamos.

Es fácil decirlo, pero es bastante poco probable entre los runners aplicárnoslo a nosotros mismos. Este texto lo escribo desde la convalecencia de una lesión grave que me tiene en la nevera desde hace ya 5 meses (y lo que me queda)…ahora lo veo claro, tendría que haber parado mucho antes…en su momento no quería parar…no me preguntes por qué…pero no quería parar, hasta que tras una carrera, no pude ni plantar el pie en el suelo para andar, ni un paso, literal.

Quizás, si anotásemos en un calendario los días que nos hemos tomado algo (o que al menos hemos pensado que deberíamos tomarlo porque la molestia era intensa), nos sorprenderíamos.

Pues bien, los fármacos no están exentos de efectos secundarios, y algunos de ellos además pueden repercutir negativamente sobre nuestro rendimiento o poner en riesgo nuestra salud cardiovascular durante el ejercicio. A continuación mencionaré someramente posibles consecuencias de algunas de las familias de fármacos más usados por los runners:

 

–          Antiinflamatorios no esteroideos: esta familia de fármacos, conocidas por su acrónimo AINEs, engloba fármacos como el ibuprofeno, el dexketoprofeno (una de sus marcas comerciales es el Enantyum®), el diclofenaco (Voltarén®), etc…Son analgésicos, antitérmicos y antiinflamatorios similares entre sí, variando en el tiempo hasta el inicio del efecto, duración del mismo…En general provocan aumento de la presión arterial, lo cual no es nada beneficioso, cuanto menos durante un esfuerzo (que de por sí produce una respuesta hipertensiva moderada y fisiológica en el organismo), además pueden provocar daño en el riñón y las consecuencias de la insuficiencia renal son múltiples y severas (mal manejo de iones, tóxicos, líquidos…y daño cardiovascular secundario). Por otro lado estos fármacos son gastrolesivos pudiendo provocar gastritis y úlceras, e incluso hemorragias digestivas como consecuencia de las mismas.

–          Corticoides: son fármacos antiinflamatorios muy potentes (a diferencia de los anteriores, estos son esteroideos). Existen muchos y muy variados en cuanto a su potencia y otras características. Alivian en dolor al disminuir muy eficazmente la inflamación pero a costa de muchos efectos indeseables. Estos fármacos también provocan hipertensión arterial, producen atrofia muscular y debilidad, favorecen la desmineralización ósea (es decir producen osteoporosis, multiplicando el riesgo de fracturas con traumatismos de baja energía e incluso espontáneas), lesionan la piel y el tejido subcutáneo dando lugar a unas estrías características de color rojo-vinoso, producen obesidad troncular (extremidades delgadas y con poca musculatura, y acúmulo de grasa en tronco), interfieren en el metabolismo de la glucosa dando lugar a la aparición de una diabetes secundaria. Una característica de estos fármacos es que aumentan el apetito y son euforizantes, esto segundo además puede desencadenar en insomnio. Hay que destacar que tras un período más o menos prolongado tomando corticoides, nuestro organismo, al percibir que se los estamos aportando desde fuera, deja de fabricar los suyos propios (digamos que las glándulas que los producen quedan aletargadas) y una supresión brusca en la toma puede ser una situación de riesgo vital.

–          Opioides: son analgésicos muy potentes, no antiinflamatorios, su máxima expresión sería la morfina, pero hay multitud de derivados. En mayor o menor medida, todos producen adicción, lo cual considero el mayor problema asociado a la toma de estos medicamentos de forma no controlada. En general no es un problema su uso entre deportistas (sí en otros grupos poblacionales y ni que decir en otros países como Estados Unidos donde se producen casi 150 muertes/ dia por sobredosis de opioides). El tramadol es quizás el más usado en lo que al dolor en el deporte respecta, existen presentaciones de este fármaco solo o en combinación con paracetamol. Cuando se acumulan en el organismo, estos fármacos puede provocar mareos, inestabilidad, alucinaciones visuales, nauseas y vómitos…

–          Benzodiacepinas: son relajantes musculares, no analgésicos per se. Actualmente el diazepam (Valium®) es de los más utilizados, no obstante existen más, y algunos como el tetrazepam (Myolastan®), clásicamente muy utilizado, ha sido retirado del mercado. Acaban generando dependencia y tolerancia (esto es que cada vez se necesiten dosis mayores para obtener el mismo efecto). Producen somnolencia, disminución en la atención, afectan a la capacidad de manejo de maquinaria como puede ser la conducción.

 

–          Broncodilatadores beta2-agonistas: son fármacos usados por vía inhalatoria para provocar una mayor apertura del árbol bronquial aumentando la capacidad respiratoria. Están indicados en personas con ciertas patologías como puede ser el asma pero siempre con supervisión médica especializada (quizás, en algunos casos, lo que está contraindicado en estas personas es el running). He conocido corredores que sin prescripción médica han usado estos inhaladores (por ejemplo Ventolin®) para tener menos sensación de asfixia durante una carrera. Pero, a la vez que tienen efecto abriendo los bronquios, tienen efecto sobre el corazón y los vasos sanguíneos provocando taquicardia, que sumada a la producida por el ejercicio físico podría desencadenar en arritmias malignas.

En general son efectos que aparecen con la toma mantenida de estos fármacos, no con su uso puntual (salvo en el caso de los inhaladores explicados en los que sí es un efecto directo). Existen numerosos profesionales guiando a corredores de manera más que adecuada con buenísima formación, trabajando en equipos multidisciplinares y precisando en ocasiones del uso de estos medicamentos que, al fin y al cabo, para eso están. No obstante, algunos de los medicamentos mencionados sí que se encuentran en la lista de sustancias prohibidas de la Agencia Mundial Antidopaje, recientemente actualizada y que se puede consultar online.

He usado vocabulario bastante coloquial y he hecho referencia a alguna marca comercial simplemente por hacer que el mensaje llegue de la forma más clara posible, como si de una conversación con un amigo o amiga que me pide consejo se tratara.

Simplemente es un llamamiento desde mi posición de médico y corredora lesionada, a darnos cuenta de que en ocasiones en necesario recapacitar, parar, escuchar a nuestro cuerpo, valorar riesgo/beneficio de cada sesión, buscar consejo especializado y no abusar de medicamentos de forma no controlada.

En mi opinión, a estos niveles no profesionales, con el deporte en general y el running en particular buscamos efectos saludables y placenteros que son los que debemos perseguir en cada entreno, por supuesto también grandes satisfacciones con los logros conseguidos en las carreras tras el trabajo bien hecho…y es difícil el ejercicio de equilibrio en esta cuerda floja de la lesión que puede acabar en el resbalón fatal que te lance al vacío y dejarte una temporadita jugando al parchís.

Elena Salamanca Rivera Doctora en Medicina y Runner

@ElenaSalamancaR