Ya lo avancé en mi primera toma de contacto con estos párrafos y avisé que no podría hablar técnicamente de atletismo, más que nada, porque no tengo ni idea técnica de esto que tantos hacemos, correr. Eso sí, llegado a un punto en el que sales a entrenar pensando en la siguiente carrera y en superarte, al menos a mí me pasa eso, da igual que sepas o no de esto, solo quieres mejorar. A decir verdad, hoy por hoy salgo a entrenar pensando más en disfrutar del entrenamiento que pensando en ninguna carrera. Ya digo, este es mi caso.

Las cuestiones llegaron un día y me pregunté “¿Hasta qué punto me conviene sacrificarme y sufrir?, ¿Cuándo voy a llegar al límite de mis posibilidades?, ¿Cuándo voy a saber que ya no puedo dar más?”. Esas preguntas explotaron en mi cabeza cuando un conocido de un amigo de mi grupo de entreno apareció un día para empezar con nosotros a correr. Una persona que llegó con ganas: “mira, me he traído unas zapatillas ligeras porque he pensado que vosotros vais fuerte”, me dijo. Cuando escuche eso, con atención, me quedé sorprendido porque nosotros salimos a entrenar, entre otras cosas, para encontrarnos, hablar de nuestras cosas mientras corremos y mejorar sin darnos cuenta. No pienso que voy a entrenar porque “voy a ir fuerte”, voy a entrenar porque me voy a encontrar con mis amigos.

Este conocido se quería poner en manos de mi amigo, un corredor experimentado y con marcas “de boca abierta”, 32’ en 10k o 9’11’’ en un 3000, entre otras. Por lo menos, a mí me deja con la boca abierta. Quería seguir su método de trabajo y mejorar sus marcas, también muy buenas pero al parecer se había quedado estancado con otros métodos de entrenamientos.

Ese primer día que estuvo con nosotros pude conocerlo algo, hablamos bastante e intercambiamos opiniones. Venía preparado pero lo noté inseguro, pensó que iríamos rodando a 3:20 o algo así, no sé… por otro lado, algo imposible para mí. Él se encontró ese día un grupo de gente distinta, con sus vidas totalmente distintas, que salíamos a rodar juntos y todos hablábamos con todos sin prestar atención al reloj o al ritmo que llevábamos. Supongo que el “nuevo compañero” pensaría “¿Qué entreno es este?”. Y todo eso me hizo plantearme las cuestiones que te dije al principio.

¿Qué debo hacer?, ¿Ir a entrenar pensando que quiero hacerlo para mejorar cada mes mi marca con lo cual conlleva un gran sacrificio?, ¿Ir a entrenar pensando que voy a encontrarme a mis amigos y eso es lo que me apetece?, ¿Dejarme de amiguismos y apretar hasta agotar mis posibilidades? Siempre quiero mejorar: corriendo, en el trabajo, en los estudios, en la vida… pero correr no me da de comer como diría alguno por ahí, así que mi método es entrenar disfrutando, esto da sus frutos y lo digo con conocimiento de causa (eso sí lo sé), entre otras cosas porque usas la simbiosis que se da en la relación entre las ganas de ver a los amigos, que a su vez alimenta la motivación para calzarte las zapatillas, esto ayuda a la constancia para salir a entrenar casi cada día y al final te plantas en la salida de cualquier carrera pensando que, disfrutando, has hecho un buen trabajo. Y al llegar a la meta, miras el crono, ves que has hecho tu mejor marca personal y caes en la razón que has disfrutado compitiendo.

Texto: @mariogordito