Empiezo escribiendo este artículo prácticamente de carambola. Explico esto; lo normal es que mires en esta web clasificaciones de un montón de carreras, veas galerías con cientos de fotos, leas un buen artículo de atletismo, etc., pero si llegas al final de este texto, te vas a dar cuenta que mis nociones sobre este deporte, creo, que no son, ni siquiera, las básicas. Yo, solamente, corro, o eso pensaba.

Empecé a correr en el Parque de María Luisa porque coincidí con un buen amigo de la infancia en la meta de una carrera popular, exactamente la de Triana, la de la temporada 2016. “¿Por qué no te vienes a entrenar al parque? Allí nos juntamos un buen grupo”. Cuando escuché eso, dos cosas me desconcertaron, la primera, ”entrenar”, yo no entreno, yo salgo a correr y punto, y la segunda, “un buen grupo”, este amigo no había hecho más de 33 minutos en el 10.000 que acabábamos de completar, ¿dónde entraba yo en ese buen grupo?. Yo había terminado mi carrerita de Triana en 43 minutos, con más pena que gloria porque además venía de una boda la noche antes, ya hablaremos de las salidas nocturnas pre carreras en otro momento. Pues bien, decidí ir a “entrenar” al parque con ese “buen grupo”.

Los días previos al día D, mi primer día en el María Luisa, pensaba que acabaría remando en las barcas, haciendo tiempo, porque me había parado en algún momento por no soportar el ritmo de ese buen grupo. No fue exactamente así pero sí que me costó adaptarme al principio. Ellos parecían que iban casi de paseo por el parque, no precisamente por ir andando, qué ritmo llevaban…, y sí, más bien, porque hablaban entre ellos contándose anécdotas y demás cosas en las que todavía, yo, estaba perdido, en fin, como el que queda en un banco del parque para charla con los amigos, pues igual pero corriendo. Rodaje tocaba ese día según le escuche a uno de ellos. Recuerdo perfectamente que a los cinco minutos de carrera ya estaba desaparecido, me decían: “Mario, ¿ya no hablas?”, imposible hablar y llevar ese ritmo, ¡dios!. A raíz de ese día llegaron otros entrenos, alguna quedada fuera del albero y sobre todo algo que me ayudó a seguir allí, los avances que sentía en mi carrera.

Todo era nuevo para mí. Todo me sorprendía. Cuando iba con ese grupo nos cruzábamos con otros grupos, con corredores que iban solos, algún club, y a todos los saludábamos, bueno, yo todavía no. Pero esto de saludar solo a “los míos” se acabó pronto y empecé a conocer gente que iba a otros ritmos, gente de otros grupos y también a un tocayo que resultó ser el responsable de esta web, por supuesto él también iba corriendo. Estuvimos charlando un buen rato, nos seguimos en Twitter, nos encontramos en alguna carrera fuera del parque y al final me propuso esto, escribir algún que otro artículo para su web o como le gusta decir “la web de todos los corredores del Parque María Luisa”, y así, prácticamente de carambola me enroló en esta aventura.

La horma de mis zapatillas será el título de mis artículos porque encontré en esto de correr, y lo verás en mis relatos, muchas de las cosas que me gustan en mi día a día: hacer deporte, estar con mis amigos, superarme a mí mismo y sentir la adrenalina de la competición cuando la hay y además la oportunidad de contarlo. Poder disfrutar de todo eso junto es un tren en el que me tenía que subir sí o sí y que no podía dejar pasar. Eso sí, te aviso con antelación, si quieres saber de atletismo, aquí, en mis artículos no vas a aprender nada, solo encontrarás los fallos de alguien que un día empezó a correr.

@mariogordito

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