Salvador Navarro nos describe la falta de organización en la consigna de la Carrera del Distrito Nervión San Pablo del pasado 18 de marzo. Donde un gran número de participantes no tomaron la salida puntualmente.

El pasado domingo acudí a participar en la carrera 10K del Distrito Nervión-San Pablo, primera prueba del circuito del IMD de este año, que tenía marcada desde hacía tiempo como objetivo del trimestre. Me levanté temprano (7 o 7,30) y me dirigí hacia San Pablo. Llegué con tiempo suficiente. Como iba solo, lo primero que hice fue cerciorarme de que el guardarropa estaba en el mismo sitio que el año pasado. Ví que así era, y como no había cola (eso pensé) me puse tranquilamente a calentar, hasta que poco antes de las 9,15 ya me fui a entregar la mochila antes de hacer las últimas progresiones ya en zona de salida. Había algunas personas en la cola en la zona exterior del pabellón, pero en principio nada preocupante. El problema empieza a presentarse cuando nos percatamos de que mientras que el año pasado la recogida estaba nada más atravesar la puerta, este año estaba bastante más adentro, y un pasillo de tres vueltas lleno de corredores nos separaba del mostrador. Allí me encontré con otros amigos, atrapados igual que yo, sin posibilidad de reacción. Una chica detrás de mí llamaba a una amiga por teléfono para ver si podía recogerle la mochila ¡en la Cruz del Campo! y llevarla cargando hasta allí. Dos chicos ingleses juraban en arameo (bueno, en inglés más bien) Aquello no se movía, la lentitud era exasperante. Detrás de las mesas dispuestas para la recepción de las bolsas había bastantes personas, no menos de ocho, pero la mayoría de ellas miraban cruzadas de brazos a uno solo de ellos, que con un rotulador iba poniendo el número de dorsal en sendas cartulinas, y a otro que iba introduciendo datos en un ordenador (¡?). En cualquier carrera bien organizada te dan pegatinas identificativas para evitar este trámite. Pero a falta de ellas bien podían haber puesto a más personas con rotulador rellenando cartulinas, y no tenerlo que hacer uno a uno. Yo nunca me había visto en una igual, y mira que llevo años participando en carreras populares, maratones, medias, marchas cicloturistas, y últimamente incluso duatlón y triatlón. Veía que se acercaba la hora de la salida y que no llegaba. Finalmente entrego la mochila y salgo zumbando. Cuando llego a línea de salida ya no se veía ni el coche escoba al final de la avenida. Algunos otros atletas salieron a pesar de todo. Yo no lo hice, no tenía sentido, ya estaba descentrado. Le pregunté a un juez si no sabían que había gente todavía en el guardarropa. Me dijo que es que la carrera tenía que salir a las 9,30 en punto ¡Ni que fuera un campeonato del mundo! En suma, un buen número de participantes nos vimos perjudicados (no sólo los que llegamos tarde, también los que llegaron por los pelos casi sin calentar) por una mala organización del guardarropa y una falta de coordinación entre este y la salida. Porque en una carrera popular no pasa absolutamente nada si se retrasa cinco minutos y hay que tener consideración con todos los participantes: los primeros y los últimos. Entre cabreado e incrédulo me volví a mi casa y me fui a correr por el río a desahogarme. Luego puse algunos tuits de queja dirigidos al IMD, pero no se han dignado a contestar. Así que por eso me he animado a contaros mi mala experiencia, a ver si salen otros damnificados y entre todos hacemos que se corrija este fallo de organización, que es bien fácil, y parece mentira que a estas alturas puedan cometerse en Sevilla.